martes, 26 de enero de 2010

Inventa tu historia

Inventame una historia ...que no tenga final =)





Y despues que paso?

Ella viajo hasta donde el  esperaba, tuvo que navegar por unas cuantas horas, pero el viaje valio la pena..Y se durmio en sus brazos sin temor a la nostalgía pidiendo que la noche no se fuera a terminar...


Inventame una historia..que no tenga final...

Proximamente la 2da parte de esta historia....esperenla :P


lunes, 25 de enero de 2010

El corazón perfecto

Un día un hombre se situó en el centro de un poblado y proclamó que él poseía el corazón más hermoso de toda la comarca.

Una gran multitud se congrego a su alrededor y todos admiraron y confirmaron que su corazón era perfecto, pues no observaban en el ni un rasguño.Al verse admirado el joven se sintió más orgulloso y con mayor fervor aseguró tener el corazón más hermoso.

De pronto un anciano se acerco y dijo:

-"perdona mí atrevimiento, pero, por que dices eso, si tu corazón no es ni tan aproximadamente, tan hermoso como el mío, o el de tantas otras personas?"

Sorprendidos miraron el corazón del viejo y vieron que latia vigorosamente, éste estaba lleno de cicatrices y hasta habia zonas donde faltaban trozos y estos habian sido reemplazados por otros que no encastraban perfectamente, pues se veian bordes, es mas habia lugares con huecos, donde faltaban trozos profundos. La gente pensaba... ¿Cómo puede decir el que su corazón es más hermoso?

El joven se echo a reir -"Debes estar bromeando"- dijo.

-Compara tu corazón con el mío....el mío es perfecto, en cambio el tuyo es un conjunto de cicatrices y dolor" 
-es cierto dijo el anciano:  tu corazón luce perfecto, pero yo jamás me involucraria contigo....mira, cada cicatriz representa a una persona a la cual le entregue todo mi amor.
Arranque trozos para entregarselos a cada uno de ellos que he amado.Muchos a su vez, me han obsequiado un trozo del suyo, que he colocado en el lugar que quedó abierto.



Como las piezas no eran iguales quedaron los bordes por los cuales me alegro,por que al poseerlos me recuerdan el amor que hemos compartido, hubo oportunidades que entregue un trozo pero esa persona no me ofrecio un poco del suyo a cambio, de ahi quedaron los huecos, dar amor es arriesgar pero a pesar del dolor que esas cicatrices me producen al haber quedado abiertas, me recuerdan que los sigo amando y alimentan la esperanza que algun día regresen y llenen el vacio que han dejado en mi corazón.

¿Comprendes ahora lo que es verdaderamente hermoso?

El joven permanecio en silencio, lagrimas corrian por sus mejillas, se acerco al anciano,arranco un trozo de su joven y hermoso corazón y se lo ofreció.

El anciano lo recibio y lo coloco, luego a su vez arrancó un trozo del suyo ya viejo y maltrecho y con el tapo la herida abierta del joven.La pieza se amoldo, pero no a la perfección.

El joven miro su corazón que ya no era perfecto, pero lucia mucho más hermoso que antes, porque el amor del anciano fluía en su interior.

Y tu corazón, ¿cuantas cicatrices tiene?




jueves, 21 de enero de 2010

El círculo del noventa y nueve

Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz.

Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando alegres canciones de juglares.Una sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre.

Un día el rey lo mandó llamar.
-Paje- le dijo-,¿cuál es el secreto?
-¿Qué secreto, Majestad?
-¿Cuál es el secreto de tu alegría?
-No hay ningún secreto,Alteza.
-No me mientas, paje. He mandado cortar cabezas menores que una mentira.
-No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.
-¿Por qué estás siempre alegre y feliz?. ¿eh?, ¿por qué?
-Majestad, no tengo razones para estar triste.Su Alteza me honra permitiéndome  atenderlo. Tengo esposa y mis hijos viviendo en la casa que la Corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿comó no estar feliz?.
-Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar- dijo el rey-.Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.
-Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me guatría más que complacerlo,pero no hay nada que yo esté ocultando...
-Vete, ¡vete antes de que llame al verdugo!
El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación.

El rey estaba como loco.No consiguió explicarse cómo el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentandose de las sobras de los cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.

-Por qué él es feliz?
-Ah, Majestad, lo que sucede es que él está fuera del círculo.
-¿Fuera del círculo?
-Así es.
-¿Y eso es lo que lo hace feliz?
-No Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.
-Aver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.
-Así es.
-¿Y cómo salió?
-¿Nunca entró?
-¿Qué círculo es ése?
-El círculo del 99
-Verdaderamente, no entiendo nada
-La única manera de que entienda, seria mostrártelo en los hechos.
-¿Cómo?
-Haciendo entrar a su paje en el círculo
-Eso, obliguémoslo a entrar
-No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entraren el círculo.
-Entonces habrá que engañarlo
-No hace falta, su Majestad si le damos la opotunidad, él entrará solito, solito.
-¿Pero él no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?
-Sí se dará cuenta.
-Entonces no entrará
-Nolo lo podrá evitar
-¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo y de todos modos entrará en él y no podrá salir?
-Tal cual, Majestad. ¿Está dispuesto a perder un  excelente sirviente, para poder entender la estructura del círculo?
-Sí
-Bien, esta noche te pasaré a buscar. Debe tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. ¡99!
-Qué más? ¿llevo los guardias por si acaso?
-Nada más que la bolsa de cuero, Majestad. Hasta la noche
-Hasta la noche.

Así fue. Esa noche el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacío y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperando el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía:

Este tesoro es tuyo, es el premio por ser un buen hombre, disfrutalo y no cuentes a nadie como lo encontraste...

Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeó y volvió a esconderse.Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas matas lo que sucedía.

El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho y miró hacia todos los lados de la puerta.Se arrimaron a la ventana para ver la escena.El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa dejando solo la vela.Se habia entado y había vaciado el contenido de la mesa .Sus ojos no podían creer lo que veían.¡Era una montaña de monedas de oro! Él, que nunca había tocado una de esas monedas, tenía hoy una montaña de ellas para él. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacia brillar la luz de la vela sobre ellas.Las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas.

Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas.Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis y mientras sumaban 10, 20, 30, 40, 50, 60,...hasta que formó la última ¡¡¡9 monedas!!!

Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más, luego el piso y finalmente la bolsa. "No puede ser", pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.

-¡Me robaron! -gritó. -¡Me robaron, malditos!.

Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba.

 -¡Solo 99! No puede ser, me falta una moneda.
-¡A nadie se le ocurriría dar solamente noventa y nueve monedas como recompensa!

Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro ¡Solo 99!. Noventa y nueve monedas de oro es mucho dinero pensó. Pero me falta una moneda.

Noventa y nueve no es un numero completo - pensaba. -Cien es un número completo, pero noventa y nueve, no. ¡Necesito la otra moneda!

El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se le habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible rictus, por el que se asomaban los dientes. El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña.


Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos. ¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien?

Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico.  Con cien monedas se puede vivir tranquilo. Sacó el calculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario.



-¡Doce años es mucho tiempo!, pensó. Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y el mismo, después de todo, el terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello.

Saco las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. -¡Era demasiado tiempo!. Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender. Vender... Vender...

Estaba haciendo calor. ¿Para que tanta ropa de invierno? ?Para que más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien.

El rey y el sabio, volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del 99.
Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando con pocas pulgas.

- ¿Qué te pasa?- pregunto el rey de buen modo.
- Nada me pasa, nada me pasa.
- Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.
- Hago mi trabajo. ¿No? ¿Qué quería su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?

No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente. No era agradable tener un paje que estuviera siempre de mal humor.

Siempre necesitamos más para ser felices, queremos algo, y cuando lo alcanzamos, entonces no es suficiente...No disfrutamos de lo que tenemos, siempre ansiamos mas para alcanzar esa felicidad, sin darnos cuenta de que ya la tenemos.


¿Y tú estas en el circulo del 99?



Disfrutemos todo lo que tenemos en este momento...solo así alcanzaremos esa maxima felicidad.

jueves, 7 de enero de 2010

Pasa el lunes

Pasa el lunes y pasa el martes
y pasa el miércoles y el jueves y el viernes
y el sábado y el domingo,
y otra vez el lunes y el martes
y la gotera de los días sobre la cama donde se quiere
dormir,
la estúpida gota del tiempo cayendo sobre el corazón
aturdido,
la vida pasando como estas palabras.
lunes, martes, miércoles,
enero, febrero, diciembre, otro año, otro año, otra vida.
La vida yéndose sin sentido, entre la borrachera y la conciencia,
entre la lujuria y el remordimiento y el cansancio.

Encontrarse, de pronto, con las manos vacías,
con el corazón vacío,
con la memoria como una ventana hacia la obscuridad,
y preguntarse: ¿qué hice?, ¿qué fui?, ¿en donde estuve?
Sombra perdida entre las sombras,
¿cómo recuperarte, rehacerte, vida?

Nadie puede vivir de cara a la verdad
sin caer enfermo o dolerse hasta los huesos.
Porque la verdad es que somos débiles y miserables
y necesitamos amar, ampararnos, esperar, creer y
afirmar.
No podemos vivir a la intemperie
en el solo minuto que nos es dado.
¡Qué hermosa palabra "Dios", larga
y útil al miedo, salvadora!
Aprendemos a cerrar los labios del corazón
cuando quiera decirla,
y enseñémosle a vivir en su sangre,
a revolcarse en su sangre limitada.

no hay más que esta ternura que siento hacia ti,
engañado,
porque algún día vas a abrir los ojos
y mirarás tus ojos cerrados para siempre.
no hay más que esta ternura de mí mismo
que estoy abierto como un árbol,
plantado como un árbol, recorriéndolo todo.


He aquí la verdad: hacer las máscaras,
recitar las voces, elaborar los sueños,
Ponerse el rostro del enamorado,
la cara del que sufre,
la faz del que sonríe,
el día lunes, y el martes, y el mes de marzo
y el año de la solidaridad humana,
y comer a las horas lo mejor que se pueda,
y dormir y ayuntar,
y seguirse entrenando ocultamente para el evento final
del que no habrá testigos.

Jaime Sabines


 

Los Amorosos



Los amorosos callan.
El amor es el silencio más fino,
el más tembloroso, el más insoportable.
 
Los amorosos buscan,
los amorosos son los que abandonan, 
son los que cambian, los que olvidan.
su corazón les dice que nunca han de encontrar,
no encuentran, buscan.

Los amorosos andan como locos 
porque están solos, solos, solos,
entregándose, dándose a cada rato,
llorando porque no salvan al amor.
Les preocupa el amor. 
 
Los amorosos
viven al día, no pueden hacer más, no saben.
Siempre se están yendo,
siempre, hacia alguna parte.

Esperan, 
no esperan nada, pero esperan.
Saben que nunca han de encontrar.
El amor es la prórroga perpetua,
siempre el paso siguiente, el otro, el otro.
Los amorosos son los insaciables,
los que siempre -¡que bueno!- han de estar solos.

Los amorosos son la hidra del cuento.
Tienen serpientes en lugar de brazos.
las venas del cuello se les hinchan
también como serpientes para asfixiarlos.
Los amorosos no pueden dormir
porque si se duermen se los comen los gusanos.

En la obscuridad abren los ojos
y les cae en ellos el espanto.

Encuentran alacranes bajo la sábana
y su cama flota como sobre un lago.

Los amorosos son locos, sólo locos,
sin Dios y sin diablo.

Los amorosos salen de sus cuevas
temblorosos, hambrientos,
a cazar fantasmas.
Se ríen de las gentes que lo saben todo,
de las que aman a perpetuidad, verídicamente,
de las que creen en el amor como en una lámpara de 
inagotable aceite.

Los amorosos juegan a coger el agua,
a tatuar el humo, a no irse.
Juegan el largo, el triste juego del amor.
Nadie ha de resignarse.
Dicen que nadie ha de resignarse.
Los amorosos se avergüenzan de toda conformación.

Vacíos, pero vacíos de una a otra costilla,
la muerte les fermenta detrás de los ojos,
y ellos caminan, lloran hasta la madrugada 
en que trenes y gallos se despiden dolorosamente.

Les llega a veces un olor a tierra recién nacida, 
a mujeres que duermen con la mano en el sexo,
complacidas,
a arroyos de agua tierna y a cocinas.

Los amorosos se ponen a cantar entre labios
una canción no aprendida.
Y se van llorando, llorando
la hermosa vida.
 
Jaime Sabines